Hombres: También lloramos

En nuestra sociedad actual todavía persiste el estereotipo de que los hombres “no lloran”. Veamos el porqué de la importancia de llorar.

hombres

Robert Smith, cantante de The cure, cantaba a principios de los años 80’s que los chicos no lloran (“Boys don’t cry”). La letra decía “Intento reírme, cubrirlo con mentiras, intento reírme, escondiendo las lágrimas en mis ojos porque los chicos no lloran”. Llorar es un acto humano, que no es sólo privativo de las mujeres, sino de toda la especie. El ser humano es el único ser que llora, ya sea por alegría o por tristeza. Es una forma de exteriorizar su mundo interno. Lamentablemente todavía persiste para los hombres el modelo de que “los hombres no lloran”. Daniel Link, psicólogo rogeriano, explica: “A mi consultorio vienen hombres que lloran cuando cuentan lo que les pasa y me señalan que nunca se permitirían que otra persona fuera de este espacio privado (el consultorio) los viera, inclusive su propia esposa o pareja”. El esconder las emociones, específicamente no llorar, estuvo vedado históricamente para el hombre porque las lágrimas se las relaciona con debilidad de carácter, y el varón siempre se lo ha educado para que sea el “fuerte”, el “dominante”, el que “soporta cualquier dolor”. Link señala “al hombre se le señala desde chiquito que no tiene llorar, cuando un nene llora, lo primero que le dicen los padres es que no llore porque si no es una maricón, realmente es una barbaridad que digan tal cosa”. Este tipo de enseñanza, señala Link, está relacionada con una educación retrógrada basada en los típicos estereotipos masculino versus femenino. Si un nene llora, se le pega una cachetada y se le dice que reprima sus sentimientos; si una nena llora se la alza en brazos y se le compra una paleta para reconfortarla.

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Llorar es bueno, libera nuestras emociones, es una válvula de escape y nos hace más humanos porque nos conecta con nuestros sentimientos encapsulados. Llorar nos hace liberar adrenalina, una hormona que segregamos en situaciones de estrés, y noradrenalina, que actúa como neurotransmisor y tiene un efecto contrario al de la adrenalina. Cuando lloramos, eliminamos estas hormonas, lo que produce una sensación de desahogo y tranquilidad. Por eso que después de llorar, nos agarra cansancio y quedamos dormidos.

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